Hemeroteca :: 10/07/2008
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MADRID - Actualidad
Última actualización 10/07/2008@00:27:27 GMT+1
Lo sabemos ya todos y todos lo aceptamos: el clima de nuestro planeta está cambiando de manera brutal. Aunque en la historia del planeta ha habido cambios climáticos grandes, cada unas cuantas decenas de miles de años un cambio como éste en el que estamos involucrados no tiene análogo en la historia, dejando aparte impactos de meteoritos o catástrofes semejantes.
Calculamos que si no cambiamos nuestro derroche de energía y nuestra fuente de la misma, la temperatura del planeta subirá 4ºC a finales de este siglo, y seguirá subiendo durante el siglo XXII. Las oscilaciones de temperatura en la Tierra han sido de 5ºC arriba o abajo a lo largo de miles de millones de años. Ahora estamos provocando una de éstas, pero en 200 años.

La razón de este cambio es el uso desmedido de una energía que parecía casi gratis hace unos 50 años, pero que hoy vemos que es cara, cara por su precio y cara por los efectos que ha tenido su utilización. Es la energía derivada de quemar carbono fósil en sus tres formas: petróleo, gas natural y carbón. Al quemar estos combustibles lanzamos a la atmósfera el gas CO2 y unas pequeñas cantidades de otros gases y nanopartículas sólidas. El primero afecta a la salud del planeta, los segundos, a la nuestra.

Aprovechar la energía
El ser humano, como cualquier otro ser vivo, necesita energía. ¿Cómo no? Y si la encontramos gratis y a flor de suelo, la cogemos como cogeríamos una maleta con millones de euros sin marcar que encontrásemos en medio del desierto.

Al tener mucha energía casi gratis nos hemos lanzado por la senda del derroche. Es agradable, pero hay una ley de la naturaleza, la del crecimiento de la entropía, que nos dice que así no podemos seguir mucho tiempo.

Los batacazos económicos ocurren siempre después de las alegrías: el de los años 30 del siglo pasado ocurrió cuando los americanos se lanzaron a jugar a la Bolsa sin control alguno. El resultado fue la miseria durante 8 años y la Segunda Guerra Mundial.

La alegría actual en hacer casas que no se venden nos está llevando a otro batacazo, que será tanto más grave cuanto menos lo aceptemos.

Hoy ya no podemos seguir gastando la energía de esa forma. Aunque el día 16 de Junio Sebastián, ministro del ramo, expresó su convencimiento de que el precio actual de petróleo se debe a la “especulación”, la realidad es que no hay petróleo suficiente en el mundo para satisfacer durante muchos años la demanda de los países ricos, entre los cuales se cuentan hoy ya China, India y Brasil. Podemos vivir igual de bien si utilizamos la energía que disponemos de una manera racional, y no alocadamente cómo hemos hecho en los últimos 60 años.

En esos años nos hemos comportado como lo harían aquellas personas que para ir cada día de Alcalá a Madrid y vuelta utilizasen un camión que gastase 1 litro cada un kilómetro, es decir, tirando el dinero.

Aprender a optimizar
Se puede vivir, no solo igual de bien, sino muchísimo mejor si aplicamos la inteligencia a diseñar esa vida. Algo de ésto hemos hecho en el curso de verano Energía y Clima, de la Universidad de Alcalá, los días 6 a 8 de Julio. Allí vimos que utilizar coches híbridos (como los Prius y los Honda) no sólo nos hace ahorrar energía (y dinero, al precio a que está y estará la gasolina o el diesel), sino que hace el aire de la ciudad infinitamente más limpio, menos contaminado.

Yo llevo tosiendo desde hace 2 años, y sólo dejo de hacerlo cuando estoy unos días fuera de las ciudades españolas. Toso por la contaminación de los gases de los coches y camiones.

Y si nuestras autoridades son capaces de montar un sistema de transporte publico mucho más cómodo y agradable que el coche, ¿no dejaríamos éste en casa?
Se puede hacer, y es algo que hoy no cuesta dinero, sino un cambio de mentalidad: de pensar que los autobuses son para los pobres a pensar que sólo los pobres utilizan el coche individual. Hoy día los autobuses son irregulares, incómodos, ruidosos. Pero esto no es una obligación.

Se pueden fabricar autobuses con los mismos amortiguadores que los que llevan los coches, de manera que no rompan la espalda de los viajeros cuando cojan un bache, como hacen ahora. Los asientos pueden llevar pequeñas televisiones con auriculares para que cada pasajero se entretenga en el viaje.

Es perfectamente posible conseguir que cada autobús esté a un minuto fijo en su parada, de manera que los ciudadanos sepan que no tienen que esperar. Es cuestión de aceptar que es un servicio para los ciudadanos, no una excusa para mover a gente con poco dinero.

Se pueden diseñar unas ciudades que manejen la energía de manera que capturen más de la que gastan: poniendo paneles solares en techos y fachadas, con calles amplias rellenas de vegetación y patios donde jueguen niños y no tan niños. Se pueden diseñar sistemas de trabajo que no exijan grandes desplazamientos de personas, y ciudades permeables que eliminen los embudos del tipo de La Garena.

Las fuentes energéticas
En la actualidad hay sistemas energéticos muy diversos. Los más sencillos son los que producen agua caliente en las casas mediante colectores solares. Se pueden poner empotrados en los tejados de las casas sin perturbar sus siluetas, y nos ahorran todo el dinero que gastamos en calentar agua.

Si en verano podemos calentar mucha más agua de la que necesitamos, ¿qué hacemos con ese calor? Podemos, a un precio muy razonable, calentar el subsuelo mediante tubos que llevan el agua caliente al interior de la tierra bajo las casas.

Ese subsuelo se mantiene caliente durante el invierno y nos ayuda a recuperar el calor que necesitamos en esa estación del año.

La electricidad que utilizamos en las casas se puede conseguir con paneles solares. Estos hoy son caros porque hay mucha demanda y poca oferta. Como los ordenadores en 1980. En aquella época nadie se podía imaginar que habría uno o varios ordenadores por familia en el 2008. Los agoreros nos dicen que los precios de las placas solares serán siempre caros. Pero esto no es así.

Una investigación seria, y una demanda amplia generan siempre una bajada substancial de los precios. Y están las centrales solares: granjas solares y molinos de viento en los campos y laderas desertizadas de España. ¿Qué mejor uso de esos desiertos que generar energía para los ciudadanos?
Se puede, en fin, buscar una vida mucho más agradable, rica y, al tiempo, parar el cambio climático. Los lectores que se interesen en ello lo pueden pasar en grande en cursos de verano como el que he mencionado más arriba Hay que ponerse a la labor. ¿Lo hacemos?

El tren como alternativa al transporte de mercancías con camiones
Antonio Ruiz de Elvira, experto en las causas y efectos de la contaminación apuesta por un cambio en el sistema de transporte que abastece a los diferentes puntos de la geografía española. “Es una inmensa tontería transportar las mercancías mediante camiones que atascan las carreteras. El envío diario de 2.000 cajas de leche a una gran superficie, desde Galicia a Madrid, puede programarse sin problemas y realizarse de forma automatizada mediante el tren, un transporte eléctrico cuya electricidad puede ser sacada del viento o del Sol, sin contaminar un ápice: ¿Nos podemos imaginar el viaje diario Alcalá-Madrid sobre una A-2 sin camiones?”.

La huelga de transportistas de las pasadas semanas alivió las carreteras de camiones y se pudo comprobar que la circulación era más fluída sin este tipo de vehículos.
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